Hay canciones que no se escuchan igual con el paso de los años. “Maestra Vida”, de Rubén Blades, es una de ellas. Una obra profundamente panameña y, al mismo tiempo, universal. Habla del tiempo, de las decisiones, de lo que aprendemos mientras vivimos y de cómo muchas veces comprendemos el sentido de las cosas cuando ya han sucedido, las próximas elecciones de Panamá 2029 llegarán más pronto que tarde.
La política se parece bastante a eso.
Cuando llegan las elecciones, todo parece ocurrir de repente, candidatos, debates, encuestas, mítines, publicidad, redes sociales, promesas, pero lo que vemos durante esos meses es únicamente la parte visible de una historia que debería haber comenzado mucho antes.
Las elecciones de Panamá de 2029 ya han empezado créeme, aunque todavía no haya carteles en las calles.
Quien espere a 2028 para pensar cómo ganarlas probablemente llegue tarde.

Emociones y voto
La política ha cambiado, también lo ha hecho el elector. Ya no basta con construir un programa, contratar una campaña publicitaria y repetir un mensaje durante unos meses. Las sociedades actuales están más fragmentadas, reciben miles de estímulos cada día, cambian más rápido de opinión y mantienen relaciones cada vez menos estables con partidos y liderazgos.
Por lo que he podido estudiar últimamente Panamá dejó una señal muy clara en 2024.
José Raúl Mulino ganó la Presidencia con el 34,23 % de los votos válidos, al frente de la alianza entre Realizando Metas y Alianza. Ricardo Lombana alcanzó el 24,59 %, Martín Torrijos el 16,02 % y Rómulo Roux el 11,37 %. El PRD, el partido con el mayor número de afiliados y después de gobernar durante los últimos años, cayó hasta el 5,88 %.
En cualquier caso los porcentajes dicen menos que los movimientos que esconden.
Hoy la comunicación política sigue una premisa: atención, emoción, recuerdo y voto. Ese es el orden natural para conseguir voto nuevo y recuperar el que ya tenías.
El elector panameño se está moviendo
Marketing político no es vender, es que te vuelvan a comprar.
Realizando Metas (RM) consiguió la Presidencia, pero tendrá que afrontar hacia 2029 una cuestión fundamental, el cómo transformar un espacio político construido alrededor de liderazgos muy reconocibles en un proyecto capaz de sobrevivir a esos liderazgos.
Hoy la gente vota por muchos factores, candidato, partido, lo que ven o escuchan en los medios de comunicación, las redes sociales, incluso por lo que me dice un familiar. Para las próximas elecciones presidenciales de Panamá hay que pensar mucho más en una estrategia 360, de combinación y recuperación del medio de comunicación tradicional y la aplicación de las nuevas tecnologías.
El PRD tiene un desafío diferente. Después de la derrota de 2024 no basta con sustituir candidato, mensaje o imagen. Necesita comprender por qué una parte tan importante de su electorado dejó de elegirlo y qué tendría que ocurrir para recuperar su confianza.
En Panamá estamos ante otro fenómeno: existen electores dispuestos a abandonar comportamientos políticos que durante décadas parecían mucho más estables. Eso significa que 2029 no será simplemente una nueva competición entre partidos, será una competición por interpretar antes que los demás hacia dónde se está desplazando el electorado.
Antes de vender propuestas hay que construir emociones
Una de las equivocaciones más frecuentes en política consiste en pensar que las personas votan después de comparar racionalmente programas y propuestas.
Por supuesto que las propuestas importan. Pero una elección presidencial también se decide sobre emociones.
La política ha pasado de ser un debate de ideas a una selección de personal.
Esperanza. Seguridad. Miedo. Orgullo. Confianza. Indignación. Cambio. Pertenencia.
Una candidatura puede explicar perfectamente qué quiere hacer y, sin embargo, fracasar si el elector no comprende qué representa.
Por eso la primera pregunta de una campaña no debería ser únicamente «¿qué vamos a decir?». Debería ser:
¿Qué queremos que sienta una persona cuando piense en nuestro candidato?
Y esa emoción no se construye tres meses antes de unas elecciones. Se construye con tiempo, mucho tiempo. Hoy hablamos de neuromarketing político, de neuropolítica y de conceptos que en el mundo comercial llevan trabajándose hace décadas.

Primero estrategia política. Después campaña.
Preparar Panamá 2029 exige empezar mucho antes de elegir colores, slogans o anuncios. Hay que estudiar cómo se transfirió el voto de 2019 a 2024, identificar territorios de crecimiento, medir rechazo y fidelidad, comprender generaciones y segmentos sociales, detectar nuevos problemas, analizar expectativas y determinar qué electores podrían cambiar nuevamente su decisión. Cuando todo eso esté analizado, entonces, entonces si podrá llegar el posicionamiento.
Después la narrativa.
Después la comunicación.
Y, finalmente, la campaña.
Hacerlo al revés supone empezar por la última página del libro.
2024 demostró además hasta qué punto puede cambiar el escenario, estamos en la política del ahora, de la micropolítica. Mientras lees esté artículo puede que ya esté cambiando una percepción sobre un líder o que esté ocurriendo algo que gire totalmente la opinión pública. Ricardo Martinelli fue inhabilitado apenas dos meses de las elecciones y José Raúl Mulino terminó encabezando la candidatura de RM.
El candidato cambió.

El espacio político, su identidad y buena parte de su conexión emocional con el electorado llevaban mucho más tiempo construyéndose. La victoria de Mulino demuestra que cambiar un candidato no significa necesariamente cambiar una elección. Cuando existe una identidad política fuerte, una base emocional movilizada y un liderazgo capaz de transferir confianza, el capital electoral puede sobrevivir incluso a una sustitución a pocas semanas de las urnas
Esa quizá sea una de las grandes lecciones para 2029.
El reto del PRD —y de cualquier partido que aspire a gobernar— es entender que las elecciones se empiezan a ganar mucho antes de la campaña. Como ocurre en España o Estados Unidos, construir liderazgo, confianza, posicionamiento y conexión emocional requiere años, no meses. La comunicación puede acelerarse pero la confianza necesita tiempo.
Una campaña puede durar meses, otra cosa es construir las condiciones para ganar unas elecciones y eso puede requerir años.
Como en Maestra Vida, el tiempo acaba enseñando casi todo.
El problema en política es que, cuando llega la lección, las urnas no siempre conceden una segunda oportunidad.